Dominicana le metió nueve arepas a Venezuela y lo deja virtualmente eliminado

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Los Bates de Venezuela no meten miedo a Nadie

Nos cambiaron la selección. La Venezuela que llegaba al Clásico Mundial de Béisbol como una potencia ofensiva, capaz de batearle a cualquier lanzador que se parara en el morrito y con nombres propios como Miguel Cabrera, José Altuve o Carlos González, tres de los más grandes hiteadores de los últimos tiempos, pasó a ser un equipo con un bateo gris, tirando a pobre, dependiente de una actuación monticular excelsa y la aparición de alguna de sus estrellas para poder carburar.

Lamentablemente, ante la República Dominicana, solo se tuvo una de las dos cosas. A pesar de contar con una apertura sobre el promedio de Jhoulys Chacín y un relevo más que aceptables, los bates venezolanos se mostraron especialmente apagados, apáticos en alguna ocasión, y fueron incapaces de remontar las tres carreras conseguidas por el conjunto quisqueyano, las cuales fueron más que suficientes para llevarse el primer triunfo de la segunda ronda y dejar así a Venezuela al borde del precipicio.

Omar Vizquel, uno de los hombres más discutidos en los últimos días por sus decisiones antes, durante y después de los juegos, volvió a echar una sacudida de ramas al lineup venezolano, en busca de la fórmula milagrosa. José Altuve alineó en la tercera almohadilla por primera vez en su carrera y fue colocado en la sexta posición al bate. Odubel Herrera retornó al jardín izquierdo del equipo, en lugar del lesionado, y extrañado, Martín Prado, mientras que Rougned Odor se ubicó en el segundo cojín.

Con este panorama, una de las mayores incógnitas del duelo era como iba a responder Jhoulys Chacín ante la potente alineación quisqueyana. ¿La respuesta? El zuliano respondió casi perfecto. Chacín se sintió como en casa (este año actuará de local en Petco Park con los Padres de San Diego) y lanzó cuatro entradas magistrales, en las que solo recibió un par de indiscutibles, manteniendo a raya a los dominicanos con tres ponches propinados. Pero nada más saltar a la lomita en la quinta entrada, Gregory Polanco conectó un enorme cuadrangular que despertó a Chacín y que fue un gancho a la quijada del conjunto patrio.

Jhondaniel Medina (último debutante de los pitchers agregados al róster para la segunda ronda) y José Alvarado se enargaron de finalizar el quinto episodio, pero el daño estaba hecho. Esa carrera, en condiciones normales, no sería ventaja ante un equipo plagado de estrellas, pero ante esta Venezuela intermitente, la anotación parecía tener el tamaño de San Diego.

Para colmo de males, Miguel Cabrera sumó un nombre (y que nombre) en la lista de lesionados del conjunto criollo. El astro de los Tigres de Detroit dejó su puesto por ciertas molestias en la espalda y con él se esfumaron la mitad de las posibilidades de soñar con la remontada. La otra mitad la desaparecieron los dominicanos a punta de batazos.

Gregory Infante salió en la sexta entrada y la retiró (no si antes recibir un par de indiscutibles), pero la película de terror llegaría en la séptima entrada. El joven José Castillo, quien ha sido una de las revelaciones del bullpen venezolano en el torneo, entró a lanzar y fue recibido con indiscutible por Polanco. Sin embargo, Castillo pudo dominar de manera consecutiva a Welington Castillo y José Reyes para colocar el inning en dos outs. Cuando todo apuntaba a que su labor había finalizado, Vizquel ratificó su confianza, y su fe, en el zurdo y este otorgó pasaporte a Manny Machado antes de recibir un sencillo productor de Robinson anó que impulsó la segunda carrera dominicana.

Y por si fuera poco, en el octavo capítulo y ante los lanzamientos de Arcenio León, Nelson Cruz sacudió un bambinazo que colocó cifras definitivas al duelo de pelota y que obliga a Venezuela a tener que ganarle el sábado a Puerto Rico (y vengar el sonrojante nocaut recibido en la primera fase), y ligar una serie de resultados que le permitan seguir con vida en el Clásico Mundial de Béisbol.

La victoria fue para el relevista Fernando Abad, la derrota recayó en Jhoulys Chacín a pesar de su buena salida y el rescate, con un poco de suspenso, se lo apuntó el cerrador de los Mets de Nueva York, Jeurys Familia.

Los venezolanos tendrán dos días para practicar, respirar profundo y calmar la ansiedad de la que ha sido presa en los primeros seis juegos del campeonato, si quiere obtener una victoria convincente que le devuelva la alegría y los mantenga con vida.

Por los momentos solo se puede esperar que los bates despierten, que Miguel Cabrera, quien al parecer solo fue retirado del compromiso por preaución, pueda volver a la acción y que los bates, esos que destruyen las Grandes Ligas año tras año, puedan despertar en el último instante para darle así una alegría a todo un país que se mantiene apoyando a sus muchachos en las buenas y en las malas.

¿En las matemáticas? Venezuela debe derrotar a Puerto Rico, si es por un buen margen de carreras, mejor, y esperar que los Estados Unidos supere esta etapa de forma invicta (venciendo a boricuas y quisqueyanos), para poder aspirar a avanzar en un triple empate con las dos novenas del Caribe.

Todavía nada está escrito, pero está muy difícil. Veremos.

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