¿Por qué conviene reducir la brecha cambiaria?

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La economía venezolana está signada por una multitud de distorsiones, entre las que destacan los controles de precios. Las autoridades han mostrado una empecinada confianza en su capacidad para determinar arbitrariamente los precios relativos de diversos bienes y activos, sin reconocer el libre juego de oferta y demanda.El tipo de cambio (TC) es uno de los precios que las autoridades han intentado determinar de forma caprichosa desde el año 2003. Para ello, han creado un aparataje de control de cambio y capitales, marcando arbitrariamente el precio de la divisa a transar en los mecanismos oficiales.

Sin embargo, la experiencia histórica y la teoría económica muestran que los controles desembocan en el surgimiento de mercados paralelos, mecanismos en los cuales los agentes satisfacen sus necesidades a precios de mercado, sin restricción alguna.

En este sentido, Venezuela no ha sido la excepción. El tipo de cambio paralelo se ha constituido como referencia para las transacciones entre agentes privados. El paralelo y el TC real siguen la misma tendencia, indicando que la inflación relativa de Venezuela frente a sus principales socios comerciales explica parcialmente el comportamiento del marcador de mercado negro.

Desde 2015 el bolívar ha presentado una depreciación de 97,2%. La tendencia ha sido cada vez más pronunciada, con un repunte a partir del tercer trimestre de 2016. En este periodo, la contracción de las liquidaciones de divisas creó presiones sobre la tasa de cambio, aumentando el precio del dólar para cubrir necesidades de importación. Dicha contracción ha continuado con una variación anualizada de -48,0% en el primer semestre de 2017.

Dado que el tipo de cambio paralelo afecta la formación de precios relativos, las repercusiones que tiene en los diferentes agentes, dependerá de las canastas de consumo que habitualmente elijan. El tipo de cambio del consumidor (TCC) es el precio promedio que un venezolano está pagando por cada dólar que consume. A medida que este aumenta, el poder adquisitivo de los venezolanos cae en términos de consumo y merma el bienestar de la población.

El paralelo determina, en promedio, 42,0% de la ponderación total del TCC. En julio, el TCC se ubicó en Bs 4.369/USD, lo que constituye una depreciación interanual de 85,1%. Lo que ha venido ocurriendo es una pérdida constante del poder de compra del bolívar en términos de consumo, causado por los constantes desplazamientos de rubros hacia el tipo de cambio paralelo.

Esta migración de rubros desde los tipos de cambio oficiales hacia el marcador de mercado negro es cónsona con la reducción en las liquidaciones de divisas por mecanismos oficiales. Aun cuando el gobierno se niega a reconocer el  tipo de cambio paralelo, la fijación de precios está afectada en buena medida por este.

Las tendencias del tipo de cambio paralelo y la inflación son similares. Sin embargo, estos movimientos ocurren por factores vinculados a una errática política fiscal y monetaria, ejemplificada en incrementos de la liquidez y monetización del déficit, y no obedecen a caprichos de los agentes que transan divisas. Este comportamiento resta legitimidad al control del TC, históricamente justificado por el objetivo de la contención de precios.

La inflación es una amenaza constante a la tenencia de saldos reales, por ello la caída en la demanda de liquidez en bolívares y la compra de divisas para cobertura. Sin importar cuantos precios sean regulados (incluyendo el precio del dólar), la economía siempre tenderá al equilibrio corrigiendo las desviaciones ocasionadas por una intervención excesiva.

La escasez de ingresos en divisas se ha visto reflejada en las mermadas liquidaciones al sector privado. Por todo esto, parte del sector privado ha debido recurrir al mercado paralelo para seguir adelante con sus procesos productivos, tanto para vender divisas propias como para adquirir moneda extranjera para importaciones y cobertura.

En Ecoanalítica estimamos que del total de importaciones del sector privado el 45,0% se realizará a TC paralelo en 2017. De igual manera, estimamos que el sector privado ocupará solo 30,0% del total de importaciones; por ende, 14% de las importaciones totales de la economía se harán a dicho tipo de cambio.

El reconocimiento de un TC cercano al paralelo es todo un desafío para el gobierno actual, debido a su discurso de “guerra económica”, que señala a los agentes privados como causantes de las distorsiones económicas. Las micro devaluaciones y la migración a sistemas de asignación presuntamente más “flexibles”, sugieren que se trata de mecanismos de ampliación de ingresos fiscales por devaluación y no por un interés real en “sincerar” la economía.

De no realizarse mayor ajuste cambiario, las liquidaciones seguirán cayendo. En caso de que las empresas quieran sobrevivir, deberán acudir cada vez más al mercado paralelo, provocando presiones alcistas en el tipo de cambio.

En la medida en que se busque “derrotar” la existencia de un mercado ilegal con restricciones, las consecuencias no serán satisfactorias. Con cada lanzamiento de un “nuevo sistema” de asignación de divisas se promueve la desconfianza en las instituciones. La incertidumbre reina y el Ejecutivo parece incapaz de “picar adelante” y tomar decisiones concretas.

Los sesgos ideológicos y el celo por el poder político impiden tomar decisiones necesarias para corregir las distorsiones cambiarias que contribuyen a la crisis. Hace falta por parte del Ejecutivo más pragmatismo para atacar el problema cambiario.

La reducción de la brecha entre tasas redundará en menores presiones sobre la inflación y por ende, menor contracción del poder adquisitivo, con impactos positivos en el frente del abastecimiento y la escasez.

 

 

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