Oleada de venezolanos presiona a Panamá

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Chucherías” o golosinas, arepas, quesos, cervezas, rones y otros productos venezolanos con o sin el sello de “hecho en Venezuela” son cada vez más populares en Panamá. El inconfundible acento de las más variadas regiones de Venezuela y su repertorio de venezolanismos —chévere, chamo, chama, vale, pasapalo, sócate, faramallero, emparamar— se propagan a diario, publica El Universal de México.

Por José Meléndez

Todo tiene un porqué: los fenómenos son el resultado de unos 12 años de una masiva migración venezolana a Panamá por un cóctel de causas políticas y económicas.

Los primeros flujos numerosos de personas que migraron a Panamá por el choque con la revolución bolivariana que gobierna en Venezuela desde 1999, surgieron en 2005, pero el tránsito aumentó desde 2008, todavía en vida de Hugo Chávez (murió en marzo de 2013), y proliferó casi sin control a partir de 2014.

“Estamos frente a la tercera gran oleada”, dijo la periodista venezolana Elizabeth Truzman, jefa de redacción del periódico El Venezolano de Panamá, un semanario de circulación gratuita en esta nación y que, como franquicia internacional establecida en Miami, Florida, es otro reflejo de la creciente y visible presencia venezolana en territorio panameño.

“Primero llegaron empresarios y profesionales, con alto perfil educativo y gran poder adquisitivo, a abrir negocios en Panamá, en un proceso bien recibido porque trajo inversión y abrió fuentes laborales. Luego llegaron núcleos familiares, en una migración ordenada y planificada por familias con un trabajo previo de exploración. Y desde 2014 hay una migración menos ordenada, más individual, sin familias. Son venezolanos que emigran a como pueden”, narró Truzman a EL UNIVERSAL.

“2014 fue clave. La oposición venezolana lanzó a principios de ese año ‘La Salida’, una iniciativa para buscar quitar del poder al régimen chavista. Pero la crisis se prolongó y propició este movimiento con sectores de la población venezolana de todos los estratos y distintos a los que arribaron hace 12 años”, añadió esta joven de 29 años y migrante legal en Panamá.

En la reciente avalancha vienen personas dispuestas a trabajar en los que sea, desde camareros en hoteles, bares, restaurantes, cafeterías o cervecerías hasta vigilantes, empleadas domésticas, oficinistas, choferes, traductores y un largo etcétera, sin descartar servicios femeninos o masculinos de prostitución.

Todos asumen el sacrificio de tener uno o dos empleos, formales o informales, para tratar de sobrevivir en competencia con la mano de obra panameña, en un país con la situación peculiar que su principal activo es su posición geográfica en la cintura de América.

Mora Duque, de 30 años, oriundo de Caracas, con dos de estar en Panamá, profesor de inglés y francés, y ahora custodio de un hotel de esta ciudad. “Los venezolanos venimos preparados para enfrentar lo que sea en Panamá. Y más que xenofobia, la llegada de los venezolanos provoca inquietud a los panameños. No me puedo quejar. Unos me tratan bien, otros no”, narró Mora a este diario, al contar que dos meses después de su arribo a esta capital logró regularizar su condición migratoria tras ser contratado por el hotel.

Con unos 4 millones de habitantes, este país ofrece una economía pujante que, según la Contraloría General de Panamá, creció 4.9% en 2016 y que, a marzo de 2017, registró un desempleo abierto de 5.6%, que golpeó a 105 mil 815 panameños (87 mil 134 en áreas urbanas y 18 mil 681 en rurales) de una fuerza laboral de más de 1.9 millones de personas.

El Ministerio de Trabajo de Panamá reconoció que este país tiene carencias en la formación de recurso humano especializado y calificado, como en construcción y turismo, para sostener su crecimiento sólido.

En este escenario, el Servicio Nacional de Migración de Panamá (SNM) contabilizó 16 millones 988 mil 480 entradas de extranjeros a suelo panameño por vías legales del primero de enero de 2010 al 31 de julio de 2017. De ese total, 11.54% —un millón 961 mil 773— correspondió a ingresos de venezolanos.

El dato reconfirmó a Panamá como uno de los preferidos de la masiva migración —regular o irregular— de venezolanos que huyen de la profunda crisis humanitaria, institucional, política y socioeconómica que estremece a su país, sin visos de solución en la intensa contienda entre el oficialismo y la oposición.

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