La crisis provoca estampida de trabajadores en la golpeada Pdvsa

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La crisis provoca estampida de trabajadores en la golpeada Pdvsa
La crisis provoca estampida de trabajadores en la golpeada Pdvsa

En una caravana de lujosos vehículos, el presidente de la estatal venezolana PDVSA llegó el mes pasado a inspeccionar unos taladros petroleros que opera junto con la estadounidense Chevron en la multimillonaria Faja del Orinoco.

Rodeado de guardias de seguridad, el mayor general de la Guardia Nacional Manuel Quevedo pasó sin detenerse frente a un puñado de trabajadores que quería consultarle sobre el deterioro y el éxodo masivo en PDVSA.

“No se bajó a preguntar a los trabajadores sobre lo que está pasando”, dijo a Reuters Jesús Tábata, de 46 años, que trabaja en el taladro PDV23 de un mejorador en la Faja petrolífera del Orinoco.

“Los taladros están parados y a PDVSA parece no importarle (…) para ellos, el que se va es un sueldo menos que pagar”, agregó el trabajador.

Según dos docenas de fuentes consultadas por Reuters, la nómina de PDVSA está siendo afectada por un éxodo masivo de profesionales de rango alto y medio, operadores y técnicos, lo que genera un vacío difícil de llenar con personal especializado y con experiencia, cuando la producción de crudo ha caído a cerca de un mínimo de 33 años.

Esta situación se ha recrudecido en los últimos meses por la hiperinflación, el hambre y ha sido estimulada también por los nuevos jefes de PDVSA, en su mayoría militares que reemplazaron a una docena de ejecutivos petroleros arrestados en los últimos meses por supuestos sobornos, lo que ha causado miedo entre los trabajadores, de acuerdo a las fuentes.

Más de 25.000 empleados de áreas operacionales clave, como ingenieros, geólogos, operadores de plantas, electricistas y mecánicos, entre otros, renunciaron en el último año hasta finales de enero de 2018, según cifras de Recursos Humanos vistas por Iván Freites, un líder sindical y operador en PDVSA. Datos oficiales demuestran que la nómina al cierre del 2016 era de 146.226 trabajadores.

Freites no tiene las últimas cifras pero asegura que las renuncias crecieron este año.

“(La fuga) ha aumentado, es indetenible, es indetenible”, dijo Freites.

Otras dos fuentes de la compañía dijeron que las renuncias podrían llegar a ser más de las que figuran en los registros ya que muchos prefieren abandonar sus cargos, sin renunciar, por temor a represalias y persecuciones de la policía de inteligencia.

La nómina de PDVSA se abultó, luego de la nacionalización de decenas de firmas de servicios petroleros en Venezuela en el 2009, y después que contrató personal no especializado para atender los programas sociales.

Quevedo, que asumió la presidencia de PDVSA a finales de noviembre, pidió en diciembre a los trabajadores buscar dentro de la industria a los “escuálidos”, como el Gobierno llama a los opositores.

“No podemos permitir más saboteo”, afirmó el funcionario.

Una ejecutiva de PDVSA, en condición de anonimato, dijo a Reuters que el militar, cuando asumió, planeaba despedir a unas 30.000 personas pero luego desistió al ver el alto número de renuncias de personal calificado.

La petrolera no ha dado actualizaciones de su fuerza laboral de 2017 y parte de 2018, y no respondió a solicitudes de información de Reuters sobre las cifras de renuncias, tamaño de la nómina, escalas salariales, ni de las operaciones actuales.

La compañía ha enfrentado problemas con su circuito refinador y otras áreas, que críticos de la gestión de PDVSA atribuyen a la falta de inversión, robos y la mala administración de las unidades, lo que ha hecho más riesgoso el trabajo para los empleados, pero que el Gobierno atribuye a sabotajes.

“Se acabó mi paciencia”, expresó un decepcionado ingeniero químico, bajo condición de anonimato, quien en enero renunció a PDVSA hastiado por lo que consideró un marcado proselitismo político en la empresa y emigró a Ecuador con su esposa y sus dos hijos.

“Estás arriesgando tu vida y de repente te dicen que si no votas por ellos (oficialismo), o si no vas a votar, estás botado”, agregó el ingeniero, quien se quejó de su último salario, equivalente a seis dólares mensuales.

Difíciles reemplazos 

Las renuncias se han acelerado a medida que la crisis económica se ha agudizado, con la más profunda recesión en lustros y una hiperinflación que ha lanzado al exilio a cientos de miles de venezolanos que buscan un futuro mejor.

Un ingeniero de PDVSA con 15 años de experiencia puede ganar el equivalente a unos 14 dólares al tipo de cambio paralelo más reciente, sin las deducciones, según dos fuentes. En la región los salarios de profesionales de la industria petrolera oscilan entre 3.000 y 12.000 dólares mensuales, según la firma Bertoni Consulting, con sede en Miami.

“PDVSA sigue perdiendo personal profesional y técnico todos los días. La principal dificultad que tienen es que los salarios son en bolívares”, dijo la presidenta de Bertoni Consulting, Alicia Bertoni.

El director externo de PDVSA y presidente de la mayor organización sindical petrolera, la FUTPV, Wills Rangel, admitió que las dimisiones son inquietantes y las atribuyó a una “guerra económica”, que el Gobierno dice fue fraguada y ejecutada por la oposición para sacar a Nicolás Maduro de la presidencia.

“Las renuncias masivas nos preocupan”, dijo a Reuters el técnico petrolero en producción y cercano al gobierno, quien reconoció que PDVSA pierde músculo operacional en áreas vitales y que conseguir reemplazos es muy difícil. “Tenemos que hacer reingeniería y reubicar a los trabajadores que quedan”.

PDVSA no ha logrado cubrir las vacantes más exigentes y los que quedan asumen las labores de los que renuncian, les doblan horarios o turnos, según las fuentes consultadas. En el Centro de Refinación Paraguaná (CRP), muchas plantas operan con dos o tres trabajadores en vez de los cinco habituales, señalan fuentes conocedoras del proceso.

En mantenimiento y operacional, la petrolera – cuyas exportaciones aportan más del 90 por ciento de los ingresos del país- tiene un déficit importante de operadores de plantas, instrumentistas, electricistas, mecánicos, ingenieros petroleros, de procesos y de automatización.

“En la DA1 (destiladora) por falta de trabajadores, hemos tenido varios incendios pequeños”, dijo a Reuters Endy Torres, de 38 años, operador de planta de la refinería Puerto La Cruz, situada en el oriental estado Anzoátegui, y con 15 años de servicio en la empresa.

De capa caída 

El CRP, en el estado Falcón en el noroeste del país, que llegó a ser de los más importantes del mundo, la multimillonaria Faja del Orinoco y los campos petroleros en todo el país están siendo golpeados por el éxodo de personal.

Hasta finales de enero de 2018 renunciaron unos 1.500 trabajadores en la refinería Paraguaná, cerca de la mitad de la nómina que había en el 2012, de 3.800 personas, según datos de sindicatos.

Para compensar las renuncias, PDVSA contrató a unos 25 jóvenes para la unidad de coquificación retardada del CRP como parte de un plan gubernamental de empleo desde octubre del año pasado, pero un grupo no regresó -dijo un trabajador de la planta- después de cobrar la segunda semana el equivalente a unos 12 centavos de dólar al tipo de cambio paralelo.

También hay áreas de PDVSA donde renunciar no ha sido fácil por el temor a persecuciones por el servicio de inteligencia del Gobierno o a ser objeto de imputaciones por “traición a la patria”, lo que ha llevado a trabajadores a tomar sus vacaciones y no regresar, dijeron empleados en el petrolero estado Zulia.

En un campo de crudo en Zulia han colgado carteles en los que se leen: “No se aceptan renuncias”, mientras que en otros se deben formar pequeñas filas para ser atendidos, según narraron trabajadores a Reuters.

Un petrolero activo del área de finanzas de Paraguaná dijo a Reuters, en condición de anonimato, que casi no hay ingresos nuevos. “Empiezan el proceso y nada”, explicó en alusión a que no comienzan a trabajar en la compañía.

“La alta dirigencia (fue la) que llevó al borde a una industria tan importante y tan medular para un país cuyo único ingreso depende de ella”, dijo Carlos Reinosa, un operador de producción que renunció y en Chile encontró empleo en una empresa del sector plástico hace un año.

Reuters/Por Deisy Buitrago, Alexandra Ulmer y Mircely Guanipa

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