La trampa semántica del régimen

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La trampa semántica del régimen

La trampa semántica del régimen de Edgar Cherubini.

Algunos la sortearon y otros cayeron en la trampa semántica planteada por el régimen al llamar “elecciones” a esta farsa. Luego de realizadas el 20 de mayo, algunos opinadores continuaron entrampados, argumentando sobre las cifras que dio el CNE, a todas luces fraudulentas.

No se puede llamar “elecciones” a este sainete, cuando el gobierno escogió la fecha a su conveniencia a través de una asamblea constituyente ilegítima, cuya autoridad es desconocida por la Asamblea Nacional y por la comunidad internacional. No se puede llamar elecciones a este bodrio, cuando el régimen ha inhabilitado los partidos de la oposición y ha prohibido la tarjeta única de la MUD. No se puede llamar elecciones cuando los dirigentes o posibles candidatos de la oposición están presos, inhabilitados o en el exilio. ¿Cómo hacer primarias? No se puede hablar de unas elecciones libres en medio de una brutal represión contra los disidentes, del avasallamiento comunicacional y de todos recursos del Estado empleados a favor del gobierno. No se puede hablar de elecciones transparentes, cuando el régimen ordena votar utilizando el “carnet de la patria” o carnet chavista que, aparte de ser utilizado como instrumento de chantaje: “Te doy comida si votas por mí”, es una aplicación provista de un chip que emite una información a un centro de control digital. Hay versiones que hablan de múltiples votos contenidos en cada una de estas tarjetas electrónicas.

No se puede hablar de elecciones en un país que atraviesa una trágica crisis humanitaria, donde no hay Estado de Derecho y donde las instituciones solo obedecen al presidente y al partido oficial. No se puede hablar de elecciones cuando el CNE está representado por militantes del gobierno y cuando dicha institución ha sido desenmascarada por su propio operador técnico, acusándola de fraudes cometidos en comicios anteriores. No se puede hablar de elecciones cuando los encargados de velar por la transparencia de las mismas son personajes enviados por países totalitarios aliados a la dictadura cubana-venezolana. No se puede hablar de elecciones cuando el registro electoral es una “caja negra” y el CNE modifica a cada momento la distribución de mesas y votantes según las estrategias del PSUV y sus colectivos armados encargados de obligar a la gente a acudir a los centros de votación. No se puede hablar de elecciones cuando el régimen dictatorial inventó un “candidato de oposición” con uno de los suyos, de manera de mostrarse con un disfraz democrático, para que algunos se movilizaran a votar y justificar así la puesta en escena de esta tragicomedia.

No se puede hablar de elecciones en un país gobernado por una narcomafia militar con fachada civil, que ha sido señalada como autora de crímenes de lesa humanidad por el panel de expertos internacionales independientes convocado por la OEA.

Como era de esperarse, el régimen y el CNE fabricaron unos resultados ficticios, al afirmar que Maduro ganó con 6.205.875 votos (67,79%) y hablar de una abstención de 56%. Expertos electorales estiman que la abstención fue cercana a 80%, lo que se traduce en una participación real de 17,32%, esto quiere decir que votaron 3.594.040 personas, como fue fácil de observar en los centros de votación desiertos. A escasos días del evento, la Asamblea Nacional declaró “inexistente la farsa electoral”, tanto los resultados que dan como ganador a Nicolás Maduro, como todo “acto írrito” de proclamación y juramentación que realizó el Consejo Nacional Electoral”. Más de 50 países, incluidos Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, desconocen los resultados del 20-M por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente. Fueron unas elecciones anticipadas, contraviniendo todas las leyes y una juramentación adelantada ante la ANC denominada “promesa de juramentación”, írrita desde el punto de vista constitucional, que cerró con broche de oro la falsificación.

“La mentira es un paso previo al asesinato” 

Desde hace 20 años, el régimen Chavista adoptó la mentira como política de Estado en todos los órdenes de la vida nacional, convirtiendo a sus instituciones y actores políticos en personajes de una ópera bufa, violenta y sangrienta. Daniel Gascón (Letras libres, 27/01/2017) retoma las reflexiones de Hannah Arendt sobre la mentira en política: “Las mentiras contienen un elemento de violencia, la mentira moderna aspira a destruir cuando aparece en las democracias y en los Estados totalitarios, aunque en estos últimos es un paso previo al asesinato”.

Según el constitucionalista Allan Brewer-Carías, la reelección del presidente Nicolás Maduro “aparte de poner en evidencia el absoluto rechazo popular contra dicho funcionario y contra el régimen que preside, lamentablemente abrió la puerta para la solidificación de la dictadura en Venezuela, evaporando toda posibilidad de que el régimen pueda ser desplazado por vía electoral, pacífica y democrática. Durante los últimos lustros, en efecto, y en fraude a lo establecido en la Constitución de 1999, Venezuela ha vivido un proceso deliberado de perversión del Estado de Derecho, llevado a cabo por todos los órganos del Estado, con la consecuente consolidación paulatina de una dictadura que ha destruido todos los valores y principios democráticos y jurídicos de la nación” (Allan R. Brewer-Carías, “Reflexiones sobre la dictadura en Venezuela, después de la fraudulenta ‘reelección’ presidencial de mayo de 2018 ).

El chavismo asesinó la democracia en Venezuela. Solo nos queda enfrentar la mentira, aunque este sea un combate desigual como acertadamente dijo John Milton: “Que se enfrenten la verdad y la falsedad; ¿acaso se ha visto alguna vez que la verdad sea derrotada en una confrontación franca y leal?”.  Se deben realizar elecciones libres, transparentes, con la participación en unas primarias de los partidos y dirigentes que están hoy inhabilitados, con un registro electoral confiable, comicios supervisados por veedores internacionales calificados, con un CNE depurado y el desmantelamiento del sistema automatizado creado por el régimen, desinfectándolo de los dos o más millones de votos electrónicos que guarda en reserva. Es decir, realizar elecciones en democracia. Pero mientras la criminal y tramposa dictadura chavista detente el poder siguiendo al pie de la letra el libreto cubano, es un disparate pedirle diálogo y elecciones de verdad.

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