Los venezolanos no se salvan de la inseguridad ni muertos

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Del Cementerio del Este, en El Hatillo, hurtaron 500 lápidas. En El Cercado, en Guarenas, la cantidad fue de 162 mármoles, solo en una noche. Mientras que en el General del Sur, el más extenso de Caracas, se llevan hasta los huesos. Voceros de los camposantos consultados por Caraota Digital dicen sobre la inseguridad: “Así está el país”. ¿Suficiente argumento para reponer del dolor a los familiares afectados?

“Aquí no hay profanación de tumbas”, asegura una autoridad del Cementerio General del Sur. “Y de haberla, la responsabilidad es de los paleros que usan los huesos para sus creencias, no de los santeros”, remata para denunciar una práctica que se ha hecho común en los camposantos del país por un sector que profesa una fe no convencional y que, según opina, ha aumentado la inseguridad en estos recintos sagrados.

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La inseguridad condiciona visita a los difuntos. Foto: Felipe Romero

Se calcula que su extensión es de casi 300 hectáreas y, sin embargo, el número de oficiales de seguridad interna, de acuerdo con datos recogidos por Caraota Digital, es de 25 funcionarios. Visto así, el principal cementerio de la capital queda sin resguardo.

El espacio capitalino, comparado con una ciudad dentro de Caracas, es cruzado a diario por vecinos de sectores como la Cota 905 y Primero de mayo. Pero son más las barriadas que utilizan los caminos para llegar, por ejemplo, a los mercados ubicados en los alrededores.

Esta forma de coexistencia entre vivos y muertos ha hecho que sea casi imposible el control de la seguridad.

Desde el camposanto aseguran contar con la colaboración de la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional que, efectivamente, estaban durante la visita realizada por el equipo reporteril.

“Aquí lo que hay son mineros”

Otrora sitio de reposo para presidentes venezolanos y apellidos de procedencia económicamente sólida, el Cementerio General del Sur recibió en el pasado ciudadanos que se fueron a su descanso eterno con sus mejores prendas. Esa era la costumbre hace décadas.

Hoy, el mismo personal de ese camposanto acepta que hay una mafia –supuestamente, no identificada– que se dedica a abrir tumbas para saquear los cadáveres de las piedras preciosas que tengan. Se les llama mineros. “Recuerda que a nuestros antepasados los enterraban con todas sus prendas”.

Aunque el cementerio está bajo la jurisdicción del gobierno, desde allá admiten que solo el Estado puede organizar una forma de neutralización de la delincuencia.

“El cementerio es Venezuela, no el Vaticano”

Así es como Livia Martínez, gerente de servicios del Cementerio del Este, ilustra el nivel de inseguridad que agobia a los venezolanos.

Admite que dos bandas de delincuentes ingresaron en el mes de julio a las praderas de ese camposanto. Se llevaron 500 lápidas de las 4 mil ubicadas en el nicho identificado como Terraza 63.

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El robo de lápidas se repite de manera impune. Foto: Felipe Romero

En aquella oportunidad, los teléfonos del camposanto no pararon de sonar, según testimonia Martínez. Eran los dolientes de los difuntos llamando para saber si se trataba de los mármoles de sus familiares.

El hurto, el más grande hasta ahora, sigue en manos de la justicia. Livia Martínez aclara que el resto de lápidas (3 mil 500) fueron levantadas momentáneamente a modo de protegerlas. “No escapamos de la inseguridad que afecta al país”, lamenta.

El llamado cementerio La Guairita es un campo sagrado que, dado su concepto de jardín, está expuesto a la intemperie. Esto afecta cualquier trabajo por duradero y hermoso que sea. “Sería diferente si se tratara de criptas”.

Pero, los padres de Francy González no están en una cripta

“Sus lápidas fueron robadas hace tres meses del cementerio privado”, se queja desde Barquisimeto esta jubilada de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado.

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Algunos aconsejan utilizar materiales menos ostentosos para lucir en las lápidas. Foto: Felipe Romero

Si ya ese hecho resulta doloroso, González recuerda que cuando acude al camposanto debe escuchar lamentos de otras personas cuando descubren que les ha pasado lo mismo. “Es muy triste que no se haga nada”.

“Recientemente, a una cuñada no pudimos enterrarla en el municipal porque nos advirtieron que los malandros desentierran a los cadáveres para vender luego ese terreno para otro difunto. ¿En qué nos hemos convertido?”

Su familia debió hacer un esfuerzo económico para sepultar a su pariente en el camposanto privado, donde, aseguran, “solo se llevan o destrozan las lápidas, pero no desentierran cadáveres”.

El caso de los padres de Francy González es solo uno de los más de 200 ocurridos en ese camposanto en lo que va de 2017.

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Desenterrar cadáveres, otra práctica acentuada en la Venezuela de hoy. Foto: Felipe Romero

“El cementerio cuenta con seguridad pero al parecer solo revisan a los ´pendejos´ porque cómo se explica que pase esto. Nos dicen que los malandros llegan en la madrugada. Nadie se hace responsable. A ese nivel de degradación hemos llegado”.

Aunque se siente afectada dice que no puede tomar medidas que reviertan la inseguridad y indefensión a la que están sometidos sus parientes. “Pensamos restablecer el trabajo, aunque con materiales menos ostentosos”.

Aplicar sanciones para marcar precedentes

“Tenemos servicios de seguridad continuos por lapsos de 12 horas, cubiertos por 20 hombres. Hasta los momentos ha resultado suficiente”.

El comisario Alfredo Romero, gerente de seguridad de El Cementerio del Este,recuerda que este camposanto es como una hacienda abierta por los cuatro puntos cardinales. Es decir, cualquier persona podría tener acceso de manera irregular por caminos improvisados.

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Nadie a salvo, ni tres metros bajo tierra. Foto: Felipe Romero

“Cuando han ocurrido delitos, la gerencia de seguridad se ha activado y se ha logrado detención en flagrancia en ocho oportunidades. Han sido grupos de personas sustrayendo lápidas.”.

Romero especifica que hasta el cierre del mes de septiembre se retuvieron 22 personas, como consecuencia de los procedimientos de seguridad. “Esto es un aumento considerable con respecto a los años anteriores”.

Son diferentes grupos que operan. Todos son vecinos de la zona, procedentes de los barrios El bambuzal y La toma. ¿Las motivaciones para cometer esos hurtos? “Acuérdese  que el bronce y el cobre son metales bien valorados que logran negociar”.

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la profanación de lo sagrado. Foto: Felipe Romero

“Nos sentimos abandonados por el Estado porque hasta los momentos no se ha producido  ninguna condena sobre estos detenidos. Yo haría un llamado a las autoridades para que  apliquen con más rigidez la ley, el castigo, la sanción, porque eso sienta precedentes”.

Un policía descubre la lápida de su padre

El cementerio de Guarenas es uno de los camposantos que ha sufrido el robo de lápidas. Durante la noche del 21 de septiembre fueron hurtadas 162 lápidas, 50 de estas ya han sido recuperadas tras la detención de dos ciudadanos. Es hasta ahora el hurto más importante cometido en el camposanto.

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Hasta ahora no ha habido forma de controlar el robo en los cementerios. Foto: Felipe Romero

En el desvalijo, perpetrado por varios delincuentes, un funcionario de la policía del municipio Plaza descubrió el mármol de su padre. La realidad, aunque dramática, no resulta diferente en el resto de camposantos del país.

En el caso de Guarenas, los funcionarios de seguridad del municipio determinaron que sí hubo complicidad interna del personal del cementerio y la posterior detención de los trabajadores.

 

Néstor Luis Llabanero

Caraota Digital

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