Los modos de irse (y II)

0

Los modos de irse (y II) de césar tinoco

El artículo de la semana pasada dejó planteada esta pregunta: ¿Qué implicaciones para la democracia tienen los cambios en el modo de abandonar el poder de los autócratas?

En opinión de Kendall-Taylor y Frantz (trabajo ya citado en mi artículo anterior), cuando el autócrata es depuesto mediante protestas masivas, el resultado es democracia tan solo en 45% de los casos, esto es, en menos de la mitad de los casos. En lo específico, de 141 golpes de Estado ocurridos después del período de la Guerra Fría tan solo 9 (6%) resultaron en democracia. Desde 1990 a 2012, de 17 golpes de Estado ocurridos, solo 5 (29%) desembocaron en democracia.

Si bien es cierto que los ciudadanos arriesgan sus vidas a cambio de deponer al autócrata por una verdadera democracia y que el chance de lograrlo tan solo monta a 29%, según Kendall-Taylor y Frantz, la protesta masiva de ciudadanos constituye el camino más prometedor para tal fin: el reto consiste en aumentar la posibilidad de éxito. Para ejemplificar esas posibilidades, las autoras citan dos trabajos.

El primero es el de Erica Chenoweth y Maria Stephan (Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict, New York, Columbia University Press, 2011), quienes encuentran que la habilidad de los movimientos de masas para lograr penetración y diversidad, desarrollar estrategias que les permitan maniobrar y sobrevivir a la represión, provocar fracturas en la lealtad y lograr desobediencia en el entorno del autócrata, incluidas sus fuerzas de seguridad, son elementos clave para el éxito de la protesta.

El segundo trabajo es el de Valerie Bunce y Sharon Wolchik (Defeating Authoritarian Leaders in Postcommunist Countries, Cambridge: Cambridge University Press, 2011), quienes resaltan la importancia de tácticas novedosas en lo que las autoras denominan “el modelo electoral” o el uso por parte de la oposición de estrategias sofisticadas, bien planificadas y sin antecedentes históricos, para apoyar las protestas de los ciudadanos en la demanda del cambio de liderazgo.

Ahora bien, Kendall-Taylor y Frantz destacan que la violencia que acompaña la caída del régimen autocrático ciertamente que impacta los prospectos de democracia ulterior: mientras más violenta sea la caída del régimen, menor será la probabilidad de democracia ulterior.

La violencia viene a su vez influenciada por dos factores. El primero es la expectativa que tiene el líder autocrático con relación a su destino una vez depuesto: mientras más negativa sea esta expectativa, mayor será su sujeción al poder. El segundo factor es el “grado de institucionalización” del aparato de seguridad del Estado: mientras mayor es el grado de institucionalización, menor será la probabilidad de la respuesta violenta a las protestas.

Lo cierto del caso es que si bien los autócratas tienen que continuar en sintonía con las exigencias y preferencias de su entorno íntimo, de sus stakeholders, las estadísticas presentadas en el artículo anterior y en este, muestran que el autócrata no puede seguir ignorando a las masas, a los ciudadanos. En tal sentido, un líder autocrático tiene dos posibles caminos: incrementar la represión de libertades civiles con el objetivo de reducir la habilidad de los ciudadanos para coordinar la protesta o bien incrementar la provisión de bienes públicos a fin de reducir el deseo de cambio de los ciudadanos.

Ambos caminos dependen a su vez del acceso a recursos –petróleo y ayuda extranjera– por parte del líder autocrático: aquellos líderes con acceso a recursos no tienen que depender de la recolección de impuestos y son, en consecuencia, más propensos a incrementar la represión.

[email protected]

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Loading...