2019, reincidir o reinventar

2019, reincidir o reinventar de gustavo Roosen

En su mensaje de fin de año, el PSUV volvió a expresar su apoyo a la gestión económica del presidente Maduro y a defender unos programas cuya implementación, a su juicio, “ha dado demostraciones de lo que podemos lograr si nos mantenemos aferrados a las líneas estratégicas”. La información no sería relevante si no significara algo tan grave como que el gobierno y el partido en el que se apoya han optado por la vía de reincidir, de repetir los errores, de insistir en el camino del fracaso.

Nada hace suponer que han sido atendidas las voces que desde el seno del oficialismo han venido advirtiendo sobre la necesidad de cambiar de rumbo o, al menos, de hacer algunos ajustes. El mensaje navideño del propio José Vicente Rangel trae expresiones tan duras como “no se puede callar el elevado costo que tiene la vida en todas las clases sociales… la crisis económica tiene al venezolano contra la pared…lo que existe en el país no tiene explicación… las explicaciones dadas por el gobierno como por los empresarios son cada vez más retorcidas y forjadas en el universo de la fábula… a esta altura de la crisis resulta imposible vivir de ilusiones provenientes de promesas reiteradamente frustradas”. Más de un economista o de un dirigente político cercano al oficialismo ha dejado también caer alguna duda sobre la orientación y la factibilidad de las medidas adoptadas y sobre la conveniencia de seguir insistiendo en una línea marcada por los malos resultados.

¿El país conoce el nuevo-viejo programa? Los miembros de la constituyente seguramente sí, y lo habrán aprobado a mano alzada, más inclinados al visto bueno sumiso y reverencial que a la discusión democrática. Los medios del gobierno, por su parte, más que informar se han limitado a proclamar las bondades de la promesa y a responsabilizar de las dificultades al enemigo externo y a los apátridas de la oposición. Nadie podría decir, sin embargo, que el país lo ha discutido.

Paralelamente, se insiste en afirmar que desde la oposición no existe programa. Podría probarse lo contrario. Academias, universidades, asociaciones profesionales y empresariales, grupos de trabajo han venido formulando propuestas y presentándolas para la discusión pública. Representan la posición de esa gran parte del país que apuesta por un cambio, por una reinvención, por un giro radical, por un programa creíble y realizable, por una propuesta que anime el compromiso.

Están las propuestas del Grupo de Harvard, que desde 2013 viene ofreciendo estudios y formulaciones cada vez más concretos. Su propuesta incluye acuerdos en materia de políticas económicas, de políticas para empoderar a los ciudadanos y garantizar el acceso a los servicios públicos, de política de hidrocarburos, de políticas sociales y de seguridad. La del Frente Amplio Venezuela Libre, por su parte, establece, en concreto, un conjunto de prioridades entre las que se incluyen la atención de la emergencia humanitaria en materia de salud y alimentación, el cambio del modelo político, económico y social, la atención a la crisis económica, la recuperación de los servicios públicos, la reestructuración de las instituciones, la lucha contra la corrupción, el respeto a los derechos laborales, la reforma integral del sistema de seguridad ciudadana, el compromiso con la educación masiva y de calidad, el compromiso con el restablecimiento de la dignidad de la Fuerza Armada Nacional y la aplicación de una política de reconciliación nacional y justicia.

La recuperación del país no puede esperarse de un programa que repita un modelo fracasado. Tampoco de un compendio de buenos deseos o buenas intenciones. Reinventar en lugar de reincidir implica voluntad para corregir, novedad en los planteamientos, visión, ambición mezclada con realismo. Su discusión no puede reducirse a especialistas o círculos cerrados; necesita, al contrario, del apoyo de una ciudadanía informada y comprometida.

El año que arranca no puede ser, otra vez, una oportunidad perdida por la reiteración de los errores. La renovación, en todo caso, arranca con la voluntad de cada ciudadano y con la acción acertada y motivadora del liderazgo.

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