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Alnavío: La corrupción chavista entró en La Mala Hora, y esto no es ficción

9 junio, 2019
Alnavío: La corrupción chavista entró en La Mala Hora, y esto no es ficción

Le pasó a los boliburgueses. Entraron en el juego de la corrupción chavista y no fue posible devolverse. Se metieron tan a fondo en la necesidad de ser ricos, millonarios, multimillonarios, que no observaron las consecuencias. Así lo reseña alnavio.com

Por Juan Carlos Zapata

Es como si Gabriel García Márquez hubiera escrito La Mala Hora pensando en la Venezuela del futuro. Hay una frase en la novela que impresiona. Luego de que el juez Arcadio y el alcalde le han dado forma a un entramado de negocios, “ambos parecían de regreso de una penosa incursión por el porvenir”.

La frase es dramática. Es como decir, la corrupción no paga. O el crimen no paga. El crimen pesa en la conciencia. O el crimen tiene sus consecuencias. Y las estoy observando a futuro, en el porvenir. En el caso de Venezuela, el saqueo no paga. Porque esto fue lo que pasó con el chavismo. Se desató la corrupción con una desmesura tal que terminó siendo un saqueo de más de 400.000 millones de dólares. Eso vació las arcas del país, y vaciadas, no hubo gestión, no hubo nada. Y de allí lo que Venezuela es ahora. Un país sin infraestructura. Un país al borde de la hambruna. Un país al borde de una tragedia humanitaria. Un país que expulsa a su gente, que ya el éxodo suma 5.000.000 de personas en 20 años.

La Mala Hora es la tercera novela de Gabo. Y lo que se desarrolla en un pueblo es en realidad un país, un mundo. Allí la violencia, allí la tortura policial, el asesinato policial, el terror del gobierno, la persecución, la falta de libertades, y la corrupción. Es más, hoy podría asumirse como una alegoría de los tiempos que los pasquines que aparecen por las noches, portando chismes viejos o nuevos, sean las redes sociales por las que muchos disparan a diestra y siniestra. “Es todo el pueblo y no es nadie”, le dice la adivina Casandra al alcalde cuando este intenta llegar al misterio apelando a las cartas. En las redes, son todos y nadie, y es nadie y son todos. Todo esto concuerda con la Venezuela del Siglo XXI.

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