EDITORIAL: Inoculando chantajes

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Administrar la escasez con criterio proselitista parece ser el mandato que rige la distribución de los miserables subsidios alimentarios utilizados por el régimen para asegurarse lealtades a regañadientes; lealtades que, inexorablemente –no le es dado al editorialista precisar cuándo–, se revertirán en su contra cual vindicativo, letal e incontrolado bumerang.

Ese desvergonzado soborno es practicado por funcionarios que no temen al sonrojo cuando anuncian, con obscena naturalidad, que el pan y el circo llegarán al desvalido ciudadano siempre y cuando este muestre el carnet de la patria, es decir, del partido bipolar, mezclote promiscuo de uniformados y civiles que corrompe, envilece y divide, con manejos distributivos calculadamente discriminatorios, a una población inerme y hambrienta.

Los tratadistas de derecho público podrían dedicarse a estudiar este fenómeno que pensábamos inherente a las satrapías tercermundistas derivadas de la descolonización, y podrían desarrollar algún tipo de ponencia o ensayo sobre la extorsión como fundamento de la asistencia social. Tal vez alguno opine contraproducente la apertura de canales humanitarios para tratar de mitigar los menesteres de los habitantes de este campamento de damnificados políticos en que ha devenido el país, porque de caer en manos del gobierno la distribución de alimentos y medicinas obtenidos por esa vía, la corrupción, cáncer que ha devorado el patrimonio nacional, se potenciaría a extremos inimaginables.

Y dejarla en manos de la ONU, la Cruz Roja Internacional o de cualquier voluntarioso gremio sin fronteras dedicado a prestar sus servicios en casos de crisis humanitarias, representaría, para Maduro & Co., una derrota moral que denunciaría como inaceptable injerencia en asuntos eméticos, violatoria de la soberanía republicana. ¡Uf!

El chantaje es, en esencia, el fundamento de las “políticas revolucionarias” instrumentadas por el socialismo castrense del siglo XXI; chantaje practicado con eficacia digna de mejores propósitos en el plano material –si nos votas, tienes CLAP; si no, chúpate el dedo– y, a nivel emocional,  pulsando las teclas de la devoción religiosa y el respeto a los muertos que el oficialismo explota en torno al santón golpista; santón que procuran mantener insepulto en la memoria de una población supersticiosa que adora por igual a José Gregorio Hernández, el negro Felipe,  María Lionza, Simón Bolívar y, ¿por qué no?, al milagroso san Hugo de Sabaneta,  quien, desde el más allá, les hace llegar de vez en cuando una bolsita de comida.

Lo que hasta aquí hemos escrito podría tenerse por especulación mal intencionada de parte de un periódico que no oculta su posición crítica. Quien así lo haga, está en su derecho; pero sería bueno que leyese esta declaración del vicepresidente El Aissami: “Se han administrado 2 millones de vacunas a 1 millón de personas, esto por el Plan Nacional de Vacunación. Hay 15.319 puntos de vacunación en todo el país, así que, si usted o un familiar necesita una vacuna, de manera gratuita, con el carnet de la patria se le suministrará la vacuna”. Es decir: si no posee el carnet de la patria, ni usted ni sus hijos tienen derecho a la vida (El Nacional, 07/09/2017). ¿Qué tal?

 

EL NACIONAL

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