Opinión

Golpe enmascarado

Golpe enmascarado de Eleazar narvaez Bello
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Golpe enmascarado de Eleazar Narvaez Bello

Rememoremos. Es lo que siempre han procurado hacernos creer. Lo del 4 de febrero de 1992 no constituyó un intento de golpe de Estado. Fue una rebelión militar, una gesta revolucionaria. Tampoco la insurrección del 27 de noviembre del mismo año, ensalzada como verdadera unión cívico-militar con “sabor a pueblo” contra la tradición “puntofijista”. Es la versión dorada, heroica, edulcorada, enmascarada, de los principales voceros del régimen para tratar de justificar los horrores cometidos durante esas dos fechas de nuestra historia. Son los antecedentes de los enmascaramientos de los golpes de Estado perpetrados en otras ocasiones desde que alcanzaron el poder por la vía electoral. Enmascaramiento que hoy continúa y se pone en evidencia cuando es desentrañada la trama del monumental fraude que esperan concretar el 20-M con la promesa cínica y mentirosa de paz y prosperidad para el país.

Una trama forjada en gran parte a partir de diversas acciones perpetradas por el régimen con descarado abuso de poder. En ausencia de un verdadero Estado de Derecho. Con total impunidad. También con claridad de propósitos. Para crear las condiciones necesarias a su favor con las que habrían de realizarse los comicios presidenciales, sin importar que estén reñidas con la Constitución y la ley. Unas elecciones que en este caso solo sirven para enmascarar el golpe continuado y crearle a Maduro una vía de legitimación para que siga con la tiranía que ha secuestrado a Venezuela. Tener presente el peso de esas condiciones y de otros factores importantes, es imprescindible para calibrar las posibilidades reales que tendría una verdadera candidatura opositora de salir airosa en ese proceso electoral viciado e ilegal.

Hay que prestarle más atención a las graves repercusiones de ciertas decisiones del régimen que prepararon el terreno para la realización de esas elecciones fraudulentas, tales como: Una, la ilegalización de la gran mayoría de los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática. De 19 en el año 2016, apenas 3 están legalizados a la fecha de hoy: Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Avanzada Progresista. Dos, la persecución, el encarcelamiento y la inhabilitación política de dirigentes y potenciales candidatos presidenciales opositores, aparte de los centenares de presos políticos. Y tres, las gravísimas irregularidades presentes en la convocatoria y en el adelanto de dichos comicios, expresadas en claras violaciones de la Constitución y de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Son hechos relevantes que han configurado de una manera directa las muy precarias condiciones de participación que en la actualidad les impone el régimen a sus principales contendores políticos. A lo anterior cabe agregar otros factores importantes que también perjudican notablemente a la oposición, como son: las implicaciones negativas de la fractura existente en las fuerzas de la unidad; la enorme desventaja de tener a millones de venezolanos en el exterior, muchos de los cuales no pudieron inscribirse en el registro electoral o no podrán votar por las trabas del CNE y, por otro lado, la gran desmotivación que hoy se palpa en la ciudadanía ante la inexistencia de las debidas garantías electorales y por los efectos de una espantosa crisis que la obliga penosamente a tratar de sobrevivir cada día para no morir de hambre o por problemas de salud.

En el supuesto negado de que decidiéramos participar con esas condiciones políticas, electorales, sociales y humanitarias, sin duda estaríamos convalidando el golpe de Estado que el régimen pretende concretar el 20-M con una máscara electoral. Querer revertirlo en ese camino plagado de vicios e ilegalidades, con un CNE imparcial en manos del PSUV, con acentuado déficit de mecanismos institucionales de control, con la obsecuencia de la mayoría de los medios de comunicación, con un grosero ventajismo oficial, resultará bastante cuesta arriba, por no decir imposible. En lugar de dejarnos arrastrar por la desesperación, al pensar de manera equivocada que nuestro futuro se decide y puede acabar irremediablemente el 20-M, se impone la necesidad de resistir y ayudar a potenciar todos los esfuerzos dirigidos a exigir unas elecciones libres, justas y transparentes. Hay que conquistarlas con el fortalecimiento de nuestra lucha tanto en el ámbito nacional como internacional. No esperemos que el régimen nos las facilite de buenas a primera. Hay que obligarlo. Insistamos con la fuerza de la unidad de los venezolanos y con el desarrollo de una estrategia para tal fin. Esto es esencial.

¿Lo entenderá Henri Falcón? ¡Aún está a tiempo!

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