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La operación secreta detrás del asesinato del hermano mayor del dictador Kim Jong Un

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Alguna vez considerado el heredero natural de su padre, Kim Jong-nam era conocido en Pyongyang como “el pequeño general” y cayó en desgracia en 2001 en un escándalo de tintes ridículos que catapultó a su medio hermano menor, Kim Jong-un, a lo más alto de la política norcoreana, reseñó Infobae.

Ese año la historia de Corea del Norte alteró su curso cuando el hijo mayor del entonces Líder Supremo norcoreano, Kim Jong-il, fue aprehendido por las autoridades japonesas de inmigración cuando intentaba ingresar al país con un pasaporte falso de la República Dominicana. Iba acompañado de dos mujeres y un niño.

Tras el retorno a casa, su imagen fue imposible de remediar y sectores en las Fuerzas Armadas comenzaron una campaña para desprestigiar a su madre, amante de Kim Jong-il, y favorecer a los hijos de la esposa oficial del dictador, Ko Yong-hui. En consecuencia, el primogénito partió a un virtual exilio en Macau, Singapur y China, donde creía estar protegido.

Pero cuando el 13 de febrero de este año Jong-nam se dirigía al puesto de auto check-in de AirAsia en el Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur a las 08:59 am (hora local), una mujer indonesia le cubrió el rostro con un líquido aceitoso que tenía en sus manos y escapó.

Pocos segundos después, una mujer vietnamita que llevaba un suéter blanco engalanado con el acrónimo “LOL” volvió a frotarle las manos en la cara y también huyó

El líquido aceitoso luego fue identificado como el agente nervioso VX, uno de los químicos más tóxicos y potentes del mundo y considerado por las Naciones Unidas un arma de destrucción masiva.

El hermano mayor del Kim Jong Un se dirigió al baño inmediatamente después del ataque, pero en el último momento perdió su única oportunidad de limpiar el veneno y sobrevivir cuando decidió desviarse hacia un mostrador de información cercano.

Del mostrador lo refirieron al paradero de tres policías y uno de ellos lo acompañó a la clínica aeroportuaria donde finalmente colapsó. Murió definitivamente en la ambulancia camino al hospital. Había durado poco más de 15 minutos envenenado.

Kim Jong-nam nació el 10 de mayo de 1971, fue criado por la familia de su madre en una mansión que contaba con alrededor de 100 sirvientes y 500 guardias y pasó la mayor parte de su infancia entre colegios internacionales de Moscú y Ginebra.

Según escribió su guardian y tía materna, Song Hye Rang, que desertó el país a fines de los noventa, en su autobiografía, el amor que sentía Kim Jong-il por su hijo tras su nacimiento era inefable.

“Palabras no pueden describir cuán profundamente Jong-Il amaba a su hijo”, escribió Song. “El joven príncipe acunaba a su inquieto hijo boca arriba para dormir, lo llevaba en brazos hasta que dejaba de llorar y balbuceaba al bebé de la misma manera que las madres calman a un bebé llorón”.

Luego de nueve años en el exterior, periodo en el cual aprendió a hablar alemán, francés e inglés, regresó a Pyongyang en 1988 y se convirtió en un cadete del Ministerio de Seguridad Popular. Cuando cumplió 24 años, le entregaron el uniforme de general y fue asignado a cargos de alto rango en la policía secreta y en el Partido de los Trabajadores. Progresivamente, el régimen comenzó a cultivar la grandeza necesaria para que sucediera a su padre, atribuyéndole logros increíbles en los medios de comunicación.

Antes del incidente de 2001, la gran mayoría de los analistas serios de Corea del Norte estipulaban que Kim Jong-nam sería el próximo heredero del poder en Corea del Norte. No obstante, pese a los cargos que llegó a ejercer en esa época, se tomaba vacaciones lujosas al extranjero siempre que podía, como si extrañase las libertades a las que se había acostumbrado en el Occidente.

Jong-nam podría haber sido el único líder norcoreano que dispuesto a promover reformas necesarias en el país comunista, pero la historia resultó diferente. Jong-il pudo haber sospechado que su hijo carecía del instinto asesino necesario para dirigir una dictadura: eventualmente se le asoció con políticas indulgentes hacia los desertores y se le asignó la tarea de administrar los sistemas de tecnología de la información del país en lugar de dirigir escuadrones de asalto.

Cuando su hermano menor asumió el poder en 2012, tras la muerte de su padre en diciembre del año anterior, criticó su ascensión en un correo electrónico a un periodista japonés, calificándolo de “chiste al mundo exterior” y haciéndose eco de las dudas que muchos en la comunidad internacional albergaban sobre el nuevo déspota de 27 años: “el régimen de Kim Jong-un no durará mucho tiempo”, predijo.

No pudo haber estado más equivocado: el nuevo dictador probó ser más brutal que sus antecesores. Primero, asesinó a su mentor y tío político, Jang Song-thaek y utilizó armas antiaéreas para ejecutar a funcionarios que podían desafiar su mandato. Luego de varios intentos fallidos, incluyendo uno en 2010 y otro en 2012, y a pesar de una carta que Jong-nam le envió tras el segundo intento, finalmente fue el turno de su hermano.

“Por favor, retire la orden de castigarme a mí y a mi familia. No tenemos dónde escondernos. La única forma de escapar es elegir el suicidio”, imploraba desesperadamente la carta.

Cuando Kim Jong-nam fue asesinado, inicialmente las autoridades malayas no sabían con que y quien estaban lidiando. El único indicio que sugería que se trataba de una persona importante eran los USD 120.000 encontrados en su mochila, divididos en cuatro ladrillos de billetes de 100 dólares.

A la mañana siguiente, se corroboró que las dos mujeres, a quienes la policía había capturado rápidamente, no habían actuado solas; al menos cuatro hombres, descritos posteriormente por la agencia de inteligencia de Corea del Sur como espías, habían orquestado el ataque.

Mientras la crisis internacional se agitaba, las identidades y motivaciones de las dos mujeres seguían siendo misteriosas. Se decía que una de ellas era una prostituta indonesia y la otra una acompañante de Vietnam. Pero, ¿cómo se habían visto atrapadas en un complot de asesinato internacional dos mujeres jóvenes de pueblos rurales del sudeste asiático? ¿Y por qué habían sido manipulados para matar a Jong-nam de una manera tan espantosa?

La policía malaya capturó a las sospechosas con facilidad. La vietnamita, Doan Thi Huong, de 29 años de edad, fue arrestada un día después del ataque cuando regresó ella misma al aeropuerto. A las 02:00 a.m. del otro día, la segunda sospechosa fue capturada en el Hotel Flamingo. Siti Aisyah, de 25 años, acababa de brindarle sus servicios a un hombre malayo cuando los oficiales irrumpieron en su habitación.

Cuando se filtraron las primeras fotos policiales, las sospechosas se convirtieron inmediatamente en culpables en las mentes de todo el mundo, hasta que, cuando las interrogaron, ambas declararon por separado que simplemente habían frotado un líquido en la cara de un hombre porque habían sido contratadas para un programa de televisión de cámara oculta.

El hecho particular que vulneraba el argumento de las mujeres era que ambas se dirigieron a un baño público inmediatamente después del ataque para enjuagarse el líquido, como si supieran que se trataba de un veneno altamente tóxico. No obstante, ambas sostenían que simplemente habían seguido las instrucciones de su trabajo. Ciertamente no habían querido lastimar a nadie, y mucho menos asesinarlos.

El periodista Doug Bock Clark, habiendo vivido tres años en Indonesia, decidió rastrear la vida de Siti Aisyah, para así poder entender los motivos del asesinato. Tras su investigación, admitió: “La verdad que finalmente descubrí era mucho más complicada de lo que me pudiera haber imaginado”.

Según reportó Bock Clark, Siti fue reclutada por los norcoreanos a las 3 de la madrugada del 5 de enero de 2017, frente a un bar de Kuala Lumpur. Esa noche, cuando salía del condominio Beach Club, un taxista -“John”- le ofreció un trabajo alternativo a la prostitución: un señor le había encargado encontrar mujeres dispuestas a desparramar cremas en los rostros de la gente.

En realidad, lo que atrajo a Siti a la invitación de John fue el sueldo propuesto (más de 100 dólares por grabación). Como prostituta, no cobraba más de 15 dólares por cliente.

Durante más de un mes, Siti fue entrenada para realizar bromas a otras personas, bajo la promesa de que las grabaciones ocultas serían posteriormente lanzadas en China y Japón. Mientras ella creía que su camino a ser una estrella de televisión había comenzado, estaba realmente siendo manipulada por agentes norcoreanos.

Siti no siempre fue una prostituta en Kuala Lumpur.

Nació en 1992 en Ranca Sumur, un pueblo conservador de Indonesia. Cuando tenía 14 añ0s, se mudó a Jakarta para trabajar en una fábrica textil donde trabajaba trece horas al día por 50 dólares al mes. Al poco tiempo, quedó embarazada y se casó con el hijo del dueño de la fábrica.

Cuando en 2011 la fábrica cayó en bancarrota, Siti se mudó a Malasia para buscar un empleo nuevo junto a su esposo. Al año siguiente, la pareja se divorcio por sospechas de infidelidad y hacia 2015 la página de Facebook de la vietnamita se convirtió en un espacio publicitario para vender su cuerpo.

Cuando Siti conoció a John, entonces, este le presentó una oferta que no podía rechazar. Luego de unos días de trabajo, en los cual estaba realmente siendo entrenada para cometer un homicidio ignorantemente, Siti le dijo a su jefe que “estaba cansada de su actual trabajo y que esperaba ansiosamente su nueva vida como estrella de televisión”.

Alrededor de un mes después, tal cual tenían previsto los agentes de Corea del Norte, Jong-nam viajó de Macao, en China, a la capital de Malasia. Esa mañana, ya en el aeropuerto, Siti recibió una serie de instrucciones exigidas por uno de ellos, que estaba encubierto como un productor de televisión japonés.

De acuerdo a las órdenes, Siti fue advertida que una segunda mujer formaría parte del plan. Tras realizar la broma, debía disculparse con la víctima y escapar de la escena. Por último, debía enjuagarse las manos inmediatamente.

Al poco tiempo, Jong-nam fue localizado por los agentes norcoreanos en una terminal del Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur. Lo que sucedió después ya lo sabemos: Siti cumplió con todas las órdenes y se refugió en un spa donde también trabajaba.

Cuando la policía la arrestó, aún no sabía que había cometido un crimen y manifestó estar a la espera de un llamado con instrucciones sobre su próximo trabajo televisivo.

Lo que la indonesia desconocía es que su jefe no era japonés sino un norcoreano realmente llamado Ri Ji-u, quién escapó, junto a otros tres agentes, en un vuelo directo a Pyongyang inmediatamente después del ataque. Los cuatro hombres habían coordinado de modo encubierto toda la logística detrás del homicidio de Kim Jong-nam.

“Este asesinato fue parte de un plan maestro”, aseguró Nam Sung-wook, profesor de la Universidad de Corea. “Desde el momento en que Jong-nam salió de Macao, los norcoreanos lo siguieron. Tenían un grupo en su avión. En cuanto llegó al aeropuerto de Kuala Lumpur, otro grupo lo siguió. Mantuvieron la vigilancia mientras él dormía”.

El líquido que Siti frotó en la cara de Jong-nam probablemente no era VX verdadero. Según algunos expertos, pudo haberse utilizado una versión modificada del VX-VX2 normal. De acuerdo a Vipin Narang, un profesor de ciencias políticas de MIT con dos títulos en ingeniería química, “VX2 se hace dividiendo VX en dos compuestos no reactivos. Lo que las mujeres probablemente estaban haciendo fue crear VX activo en la cara de Jong-nam por cada entrega de su ingrediente”.

Mientras Jong-nam agonizaba en la terminal del aeropuerto, los agentes norcoreanos pasaban por los controles de inmigración del aeropuerto sin inconvenientes. Para cuando las autoridades discernieron que la muerte se trataba de un operativo orquestado por el gobierno norcoreano, los responsables de su coordinación ya estaban a salvo en Pyongyang.

“Las primeras cuatro veces que funcionarios indonesios visitaron a Siti después del arresto, ella pensó que estar en la cárcel era parte de la broma”, dijo Andreano Erwin, el embajador de Indonesia en Malasia.

“La primera vez que la visitamos, no paraba de preguntar cuando podía salir de la cárcel. La segunda, se quejó de que todavía no le habían pagado la última broma. La tercera vez, nos acusó de ser parte de la broma. La cuarta vez, le mostramos un periódico que probaba que Kim Jong-nam había muerto. Cuando lo vio, empezó a llorar “.

El juicio de ambas mujeres, acusadas de homicidio, será este lunes 2 de octubre en Malasia. De ser declaradas culpables, la pena por homicidio en el país asiático es la pena de muerte. Sin embargo, bajo la ley malaya, no se considera asesinato si no había intención de matar.

Lograr probar una realidad que bordea lo absurdo -que cometieron el asesinato bajo la impresión que formaban parte de un programa de televisión- será la única manera de salvar sus vidas.

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