Luz infrarroja para el alivio del dolor neuropático

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Luz infrarroja para el alivio del dolor neuropático
Luz infrarroja para el alivio del dolor neuropático

Diseñado un tratamiento que elimina las neuronas responsables de que los pacientes con dolor neuropático sientan una quemazón ante una caricia u otro contacto leve sobre su piel

En nuestro país conviven más de tres millones de personas con dolor neuropático, afección neurológica crónica que, causada por un daño o una alteración en las estructuras del sistema nervioso, provoca que los afectados experimenten síntomas dolorosos muy agudos ante estímulos comunes. Por ejemplo, cualquier roce leve de la piel, como sería una caricia, provoca en los afectados –hasta un 8% de la población europea– una sensación de quemazón muy intensa. Además, y según la Sociedad Española de Neurología (SEN), hasta un 40-70% de los pacientes con dolor neuropático no logra un control completo de este dolor. De ahí la importancia de un estudio llevado a cabo por investigadores del Laboratorio Europeo de Biología Molecular en Roma (Italia), en el que se identifica el subgrupo de neuronas responsables de la sensibilidad a los roces de la piel y, lo que es más importante, cómo anularlas para que no desencadenen estos episodios tan dolorosos.

Como explica Paul Heppenstall, director de esta investigación publicada en la revista «Nature Communications», «sería como comer un curry muy picante, que abrasa las terminaciones nerviosas de la boca y las desensibiliza durante algún tiempo. Lo mejor de nuestra técnica es que puede actuar de forma específica sobre el pequeño subgrupo de neuronas causantes del dolor neuropático».

Caricias indoloras

En el estudio, los autores describen un subgrupo de neuronas que, localizadas en la capa más externa de la piel –la consabida ‘epidermis’–, tienen como misión detectar todos los contactos leves que se produzcan sobre la propia piel. Pero aún hay más. También han diseñado un compuesto químico altamente sensible a la luz que se une de forma específica a estas neuronas. Así, de lo que se trata es de inyectar el compuesto en un área de la piel y después irradiar la zona tratada con una luz cercana al infrarrojo para que el compuesto reaccione. ¿Y qué es lo que ocurre? Pues que las células unidas al compuesto, esto es, las neuronas responsables del dolor neuropático, huyen de la superficie de la piel y migran a zonas más ‘interiores’.

Sin embargo, este subgrupo de neuronas no son las únicas que se encuentran en la piel. También hay otros muchos tipos de neuronas necesarias para detectar otras muchas sensaciones como las vibraciones, el calor, el frío o, incluso, el dolor ‘normal’. Entonces, ¿qué pasa con el resto de neuronas? ¿También se ven afectadas por el compuesto químico y por los pulsos de luz cercanos al infrarrojo? Pues no. El tratamiento experimental solo elimina la sensibilidad frente a los contactos leves, como sería sentir una brisa, las caricias o las caminatas de un insecto sobre la epidermis.

La luz infrarroja provoca la migración de las neuronas responsables de desencadenar los episodios de dolor neuropático a zonas más internas de la piel

Por tanto, esta estrategia tiene un efecto más integral que el de los fármacos hasta ahora diseñados para tratar este tipo de dolor neuropático. Y es que cada uno de estos fármacos actúa únicamente sobre una de las moléculas responsables de la aparición del dolor neuropático. Sin embargo, apunta Paul Heppenstall, «creemos que no hay una única molécula responsable, sino muchas. Uno puede tener éxito a la hora de bloquear una o un par de estas moléculas, pero el resto de moléculas tomarán el testigo y llevarán a cabo su función. Con nuestro método de iluminación evitamos este problema en su conjunto».

La pregunta entonces es: ¿funciona? Pues para averiguarlo, los autores evaluaron los reflejos de un modelo animal –ratones– con dolor neuropático en sus extremidades inferiores. Y lo que vieron es que, tras inocularles el compuesto químico y tratarlos con la luz cercana al infrarrojo, sus reflejos ante cualquier caricia eran completamente normales. No así en los no tratados, en los que sus reacciones ante cualquier contacto leve eran ciertamente exageradas. Además, el beneficio de la terapia se mantuvo durante varias semanas –hasta que las terminaciones nerviosas volvieron a crecer y cualquier caricia volvió a ser fuente de un gran dolor.

¿También en humanos?

Lógicamente, el objetivo del estudio no era acabar con el dolor neuropático en los ratones, sino en los humanos. Así que lo que hicieron fue buscar si las neuronas de la epidermis responsables del dolor neuropático en los roedores también se encontraban en la piel humana. Y de acuerdo con los resultados, sí, lo que sugiere que el método también es efectivo para el manejo de este dolor en los pacientes. Pero aún habrá que esperar.

Como concluye Paul Heppenstall, «lógicamente, aún queda mucho trabajo por hacer antes de poder llevar a cabo un estudio similar en personas con dolor neuropático. Estamos buscando patrocinadores y estamos abierto a la participación de nuevos colaboradores para seguir profundizando en el desarrollo de este método con la esperanza de que pueda ser utilizado en el futuro en la práctica clínica».

 

 

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