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Ni la caravana, ni la economía: fueron las mujeres

12 noviembre, 2018
Ni la caravana, ni la economía fueron las mujeres de Moisés Naim.

Ni la caravana, ni la economía: fueron las mujeres de Moisés Naim.

Donald Trump le apostó a la caravana y perdió la Cámara de Representantes. Mientras el presidente usaba todos sus actos electorales para alertar a sus seguidores sobre la inminente invasión del país por parte de una caravana de refugiados centroamericanos, las mujeres estadounidenses se organizaban para votar por mujeres.

En los días siguientes a las elecciones de mitad de período de Estados Unidos se hicieron evidentes dos realidades. La primera es que ya nadie habla de la caravana, ni siquiera Trump. La segunda es que a raíz de su reciente éxito electoral, en Estados Unidos ahora hay más mujeres en posiciones de poder que nunca antes.

Este logro le debe mucho al presidente Trump: sus políticas, su conducta y hasta su estilo movilizaron a millones de mujeres que, por primera vez, “se politizaron”. Primero organizaron multitudinarias “marchas de las mujeres”. Luego se organizaron para que sus reclamos tuviesen consecuencias. Después, miles de ellas decidieron postularse a cargos electorales en el Congreso, gobernaciones y legislaturas locales. Y, finalmente, votaron masivamente. Y ganaron.

Por ahora, la politización de las mujeres ha beneficiado mayoritariamente al Partido Demócrata. Ello es debido a que, por un lado, el Partido Republicano ya venía sufriendo desde hace décadas de la llamada “brecha de género”, es decir, la dificultad crónica para atraer mujeres a sus filas. Por otro lado, tal como lo indican las encuestas y los resultados electorales, la “toma” del Partido Republicano por parte de Donald Trump y los suyos ha ensanchado aún más la brecha de género. De nuevo: el resultado de todo esto es que se rompieron récords en cuanto al número de mujeres que decidió candidatearse a cargos electorales, así como el número de ellas que triunfó en estas contiendas electorales.

Otra sorpresa de estas elecciones fue que las aspiraciones y reclamos de las mujeres tuviesen más peso en el resultado electoral que la economía. Y una sorpresa aún mayor es que Trump le haya dedicado más atención y tiempo a la “caravana” que a la boyante situación económica del país que él preside. La economía está en franca expansión, el desempleo es el más bajo en décadas y los salarios están aumentando a un ritmo que no se veía desde 2009. Trump por supuesto que siempre hacía referencia a la economía en sus discursos, pero lo que arrancaba los más entusiastas aplausos de sus seguidores eran las feroces críticas a los inmigrantes, a los periodistas (“los enemigos del pueblo”) y a los divisivos temas que el presidente tan hábilmente explota.

En 1992 James Carville, el asesor del candidato Bill Clinton, acuñó la frase “Es la economía, estúpido” para recordarle a su equipo que enfatizaran la débil situación económica por la que entonces estaba atravesando el país. La frase terminó siendo el eslogan de esa campaña electoral que llevó a Clinton a la presidencia. En adelante fue adoptada como una especie de mantra electoral: no hay que distraerse con otros temas, la situación económica es la clave para ganar –o perder– elecciones.

Nunca sabremos qué hubiese pasado si Trump hubiese respetado esta regla de oro electoral, y se hubiese concentrado en resaltar y celebrar la próspera situación económica y no le hubiese dado tanta prioridad a los temas que dividen a la sociedad estadounidense. No hay duda de que su agenda, y los mensajes que exacerban la conflictividad social sirvieron para motivar a su base y ayudaron a que el Partido Republicano aumentara su mayoría en el Senado. Pero tampoco hay duda de que sus políticas y mensajes también actuaron como un potente combustible para enardecer y movilizar a su oposición, y hacerle perder la Cámara de Representantes por un amplio margen.

Finalmente,  una reveladora sorpresa de estas elecciones de mitad de período fue la desaparición del debate electoral de un importante tema pendiente en la agenda del  país: las armas.

En febrero pasado un joven de 19 años de edad entró en una escuela secundaria en Parkland, Florida, y asesinó a 17 personas e hirió a otras 17, la mayoría estudiantes. Algunos de sus compañeros que sobrevivieron resultaron ser inteligentes, organizados y muy buenos comunicadores. En los días y semanas siguientes a la tragedia, este grupo de jóvenes logró crear una amplia e intensa discusión nacional acerca de la necesidad de regular más la compra y tenencia de armas. La intensidad del debate auguraba que el tema formaría parte inevitable de las campañas previas a las elecciones de la semana pasada.  No fue así. Si bien es cierto que fueron elegidos varios representantes del Partido Demócrata que se atreven a enfrentar abiertamente a la NRA, el todopoderoso y muy bien financiado lobby de las armas, la discusión sobre la necesidad de reformar de las leyes en este campo brilló por su ausencia.

Al día siguiente de las elecciones, un hombre armado entró a un bar en California y, sin decir nada, asesinó a una docena de personas y luego se suicidó.  En lo que va de este año ha habido 307 ataques como este.

 Twitter @moisesnaim

 

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